DESPERTAR








Algunas veces despertamos de la siesta
para asomarnos a un mundo
que se ha deshabitado,
y cuyo único vestigio
nos aguarda en el aroma
de alguien que ya no está junto a nosotros.
El trajín de una mosca en la cocina
es todo cuanto vive, y el reloj de pared,
marcando los segundos
con lentitud contradictoria.
Un humilde búcaro de barro
nos devuelve el hontanar oculto de la vida,
la vida que es agua en busca del océano,
y acaso sea entonces
cuando de verdad despertemos.

Esos minutos que preceden
al estado que describo,
son mi viaje a una nostalgia
que aún conserva la ceniza
de un sueño remoto,
un pasillo entre dos mundos,
una metáfora apenas comprendida,
o un preludio a algo que no sucederá.