Si la cordura es el límite
amémonos esta noche,
porque en la cordura se aprende
que no existe una respuesta a todo
-y que no todo merece una respuesta-
Sí muchacha, nada temas
alguna vez te amé, ya fuimos
seda ígnea, derrochamos
el misterio vegetal donde sucede
el estallido nocturno de las rosas.


Pero no me pidas ahora
que te encuentre en un sueño,
que nos citemos en oscuras catacumbas
para la iniciación proscrita de tu cuerpo.
Sopla el viento ¿no lo escuchas?
abramos las ventanas
para que el suelo se cubra de cenizas
como se cubrirá la vida con nosotros.
Nada importa, amor, si llueve,
cruzaremos la avenida hasta aquel parque
mojados como pájaros oscuros,
seremos los harapos que devuelve
el triunfo después de una batalla.

Nada hay, amor, más luminoso
que el encuentro fugaz de las pavesas
que se elevan en el aire
para morir en él.