NOTICIA DE UN JARDIN DE SEVILLA


Un cuerpo que se diera
fecundo en su celebración,
y por encima de su propia naturaleza
-limitada y esparcida a un tiempo-
ceñido con la efímera corona
entre frondas de eternidad.
Cómo así, entregado,
lloré una vida lo que en prenda
me ofreció una noche de verano,
porque somos torpes errantes
cuando hiere el jardín y el abandono.

Yo sé que tú estabas allí,
que allí habitabas tras ocultas celosías,
que habrías respondido veloz a mi llamada,
desprendida de tí misma y renovada,
si tu propio cuerpo no hubiera sido
ya sólo aquel vestigio de azahares
que se quedaba atrás,
en un jardín de Sevilla,
mientras la noche se hacía de cal,
de piedra, y de invierno.






SEVILLA

Le has dado la flor certera
al hueco del invierno,
con esta luz de diciembre
entre saudades verdes.

Aquí estuvo mi centro,
fui de tu mano hasta Triana,
vástago de tu incendio,
mientras derramabas gracia
y lucías tus brocados,
y un quejío decías,
en un vértigo
de cántico y de muerte.

Algo quisiste decirme
con la gárgola que se desmoronaba,
como un corazón de caliza.

¿A qué mar iba a dar tu río
sino a nosotros mismos?